Anoche fuimos un grupo de buenos amigos a la famosa “calle del gusto” de Chacao, con la firme idea de conseguir una buena tasca, tradicional, de madera, con sus paredes y techos teñidos del humo del cigarrillo de cientos de personas que hayan estado alli antes conversando, riendo, pasando un buen rato entre amigos, viendo un partido de futbol o degustando unas sencillas y ricas tapas. Es asi como después de pasar frente a todos los demás locales que participan de esta iniciativa de la AlcaldÃa de Chacao, (que reseñamos en Caracas Café y dura hasta este domingo 10 de mayo, pero ustedes pueden hacer extender a su gusto y cuando quieran), llegamos a Vigues, una tasca con especialidades gallegas de la cocina española, sin muchas pretensiones, pequeño el sitio pero acogedor. Apenas entramos, Jordi Miro Bruix y yo dijimos “aqui es”.
Lo pasamos extraordinariamente bien, claro, es muy importante ir bien acompañado a un sitio como este, con gente amiga y desenrrollada, que el sitio no es lujoso, pero es bueno. El sitio no es caro y pretensioso, “pero” vale la pena (y es que a veces se confunde “caro” con “bueno”, y nada mas alejado de la realidad). Y el ambiente, ese lo haces tu, de alli lo importante que vayas con una gente asi. Estuvimos compartiendo con mis buenos amigos Adriana Medina y Oscar, Anibal y Lilia, Jose y Nere, Edgar, Jordi y yo. Una buena sangrÃa (o varias), ademas de chistorras, tortilla de patatas, boquerones, pimientos y una muy buena conversa, aderezada con muchÃsimas carcajadas y sobre todo, esa sensación de que estás en casa, de que no te quieres ir de alli proque lo estás pasando muy bien. Insisto, eso lo haces tu, eso lo fabricas tu con buena vibra, con tus buenos amigos, con las ganas de que sea asi, eso no solo no tiene precio, sino que no se consigue en tiendas.
Llegamos caminando, como se debe llegar a un sitio de estos (y es que igual no sabÃamos que justo a 15 metros hay donde estacionar), bajamos 4 cuadras desde el Centro San Ignacio por la muy bien iluminada Chacao, y entre sus callecitas llegamos a la calle Urdaneta. Frente a casi todos los locales se aglomeraba la gente, cantaban, aplaudÃan o simplemente conversaban, en una onda muy bohemia y agradable. De paso, toda la zona está resguardada por la policÃa del municipio, asi que se torna muy tranquila la cosa. De la misma forma nos fuimos, obviamente, y fue una sensación extraordinaria ir caminando cobijados por el manto oscuro de la noche (a pesar de las luces, el cielo es el cielo, ¿no?) viendo esos edificios cincuentones de Chacao, con toda esa tradición italiana, española, amalgamada y devenida en tradición venezolana, diciendo “viste ese edificio?”, “viste esa casa?”.
Gracias a el grupete que estuvo ayer alli, celebrando simplemente la amistad y la risa, gracias a la AlcaldÃa de Chacao por la iniciativa. Que bueno que todos los dias podemos seguir descubriendo las cosas sencillas y agradables de la vida: solo se necesita estar abierto a hacerlo, solo se necesita querer hacerlo y por supuesto, atreverse a descubrir algo diferente de vez en cuando.






Suena sensacional.. ya me pasare por allÃ..
un abrazo