La historia del Ferrocarril Caracas – La Guaira

Caracas es una ciudad que se desarrolló ‘de este lado de la montaña’, el Cerro Ávila sirvió como protección de los inconvenientes de la costa como el calor y la humedad, los vecinos hostiles y los piratas, al contrario que muchas ciudades de América del Norte y Europa. A finales del siglo 19 -por la Segunda Guerra Mundial- se desató una ola de inmigración europea que tocó duramente a Venezuela y que convirtió al puerto de La Guaira en el lugar de bienvenida, por lo que era necesario crear un medio de transporte que conectara los 7 kilómetros que existen entre el puerto a la ciudad.

Durante 14 años, empresas británicas y estadounidenses se disputaron la construcción, hasta que en 1881 conceden contrato a un grupo inglés que formó la compañía ‘La Guaira y Caracas Railway Company’ en Londres, que de inmediato construyó una línea de 23 kilómetros sin cables, curvas en zigzag ni rieles, apoyado en el Viaducto de Pariata para coger fuerza antes de su ascenso. Así comenzó a transportar pasajeros y coches dos años después con ocho locomotoras, adquiriendo otras tantas en los siguientes años para moverse entre las dos estaciones.

La mayoría de los pasajeros del ferrocarril llegaban a La Guaira en barco, incluso el lujoso Hotel Klint, ubicado entre las esquinas de Torre a Principal, reservaba el último vagón para sus huéspedes. El paso era toda una aventura, cuando al pasar por la parte con más curvas, en la estación de Zig-Zag, se formaba una especie de S y en el paso de Boquerón se podían observar 104 kilómetro de costa del mar Caribe. Hasta que en generic viagra online 1927 se comenzó el proceso de electrificación de la línea, con lo cual tuvieron que ordenar nuevas locomotoras eléctricas que redujeron el tiempo de viaje de dos horas a 75 minutos.

Un cambió surgió en la dinámica, el gobierno ordenó la construcción de una carretera en 1930 que hizo que surgieran alternativas de transporte debido al limitado ancho de la vía, siendo una competencia para el ferrocarril. Y a pesar del buen servicio, la baja de pasajeros fue creciendo hasta que 10 años después, la empresa fue nacionalizada y posteriormente comprada por el estado en el 50. Así cumplió su último año de vida, antes de que unas fuertes tormentas dañaran toda la línea y se perdiera su prioridad de reparación, ante la necesidad de construir una nueva carretera Caracas – La Guaira, por lo que el ferrocarril nunca se reabrió, consumiéndose entre los matorrales y dejando sólo un recuerdo de las locomotoras en el Museo del Transporte Guillermo José Schael, al lado del Parque del Este.