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Spencer Tunick en Caracas

Tunick en Caracas '06Una experiencia unica e irrepetible, asi es que se puede definir lo que vivimos hoy, desde las 3 de la madrugada hasta las 9 de la mañana.
Spencer Tunick fue invitado por el Museo de Arte Contemporáneo para realizar una de sus instalaciones en Caracas, y por esas suertes de la vida estuvimos alli como testigos de excepción. Particularmente no tengo el valor de esa masa gigantesca de personas que posaron desnudos en la Avenida Bolívar, pero igual como voluntarios, asistiendo a todo el equipo de Tunick, estuvimos todo el tiempo cerca de la acción, donde todo estaba pasando.

Durante el dia termino de escribir la reseña, porque de verdad estoy cansadísimo, pero mientras tanto pueden ver la reseña fotográfica en Flickr.

Caracas de Madrugada.
Nos costó trabajo levantarnos a las 3 de la mañana, pero creo que mas trabajo fue quedarnos dormidos la noche anterior, después de preparar todo el operativo de logística para que nuestro equipo llegara a las 3:30 de la madrugada a las adyacencias de Cruz Verde, al final de la Avenida Bolívar.
Nuestro “equipo” estaba conformado por mi esposa Heiddy, mi hermano, mi cuñado y un amigo de mi cuñado que es de esos panas que son todo terreno. A las 3:30 nos bajamos del taxi que nos acercó a media cuadra de la famosa estatua de Bolivar realizada por Maragall, que está en el centro del arco del siempre inconcluso Palacio de Justicia.
Delante de nosotros se estaba bajando de su convoy un pelotón de la Policía Militar, (los que se portaron mejor de todos los organismos de seguridad, muchas gracias), que caminando a paso redoblado y a esas horas de la madrugada me daban cierto deja vu.

Llegamos al sitio y fuimos asignados a las tareas que horas antes nos había encomendado nuestra amiga Glenda, una de las mas laboriosas y eficientes organizadoras que he conocido. Mi esposa fue con otras tres personas y Steve (del crew de Tunick), a organizar a la gente en la avenida, donde se ubicaba la toma. Mi hermano y mi cuñado fueron asignados a asistir a una de las dos cámaras de video que tomaban el “detrás de cámara”, Caroline, (la “nipona”, como le decía mi cuñado, jeje).
Yo fui asignado a la parte superior, donde estaba Tunick, la traductora Alexandra (su cuñada), Jonathan Porcelli, (el productor), y el zaperoco mayor de la historia, jeje.

“Después de que se les pase la emoción, comenzamos…”
Con esas palabras, Tunick se bajó de la escalera desde donde minutos atrás le había dado instrucciones a los aproximadamente 1800 participantes que ya estaban reunidos en el patio del Palacio de Justicia. Se comenzaron a quitar la ropa y la cosa era hasta jocosa, pero la gran impresión, la mas fuerte, fue cuando ese río humano comenzó a salir de alli y bajar a ambos lados de la estatua de Bolívar. Un grupo de voluntarios, entre los que estaba yo con un megáfono, le indicábamos a los participantes por donde bajar. La prensa se puso impaciente, tomaban fotos a diestra y siniestra, se salían de su cordón de seguridad y cuando los invitabas a regresar, te miraban con cara de asco y te decían “pero si yo no estoy molestando aqui”, y volvían a subirse al antepecho, echando a perder cualquier oportunidad de foto desde abajo. También estaba prohibido tomar fotos desde el mismo ángulo que Tunick, (no podías tomar la misma foto que el, obviamente).

Las tomas.
La primera toma fue desde lo alto de una grúa tipo “jenny”, y fue hecha con gran premura puesto que al salir el Sol se iba perdiendo la oportunidad de tomar esa foto y las tomas siguientes que apuntaban hacia el Teresa Carreño. Costó mucho trabajo despejar la avenida, porque aún si estabas frente al Museo de los Niños o al Hilton, estabas en la toma, tuvieron que salir motorizados del Museo de Arte Contemporáneo y de la Casa Militar para despejar las calles de mirones.
Luego Tunick bajó a la avenida y comenzó a mover a la gente de un lado al otro, mezclaba tonalidades de piel, posiciones, hasta que tomó la foto que salía hoy en la mañana en muchos diarios de todo el país y del mundo, la gente formada alrededor de Bolívar, como un padre con sus hijos desnudos, muy interesante de verdad.
La labor de ubicar a la gente, de moverla de acá para allá fue titánica. Mi esposa estaba en ese equipo y me decía que “era impresionante ver a la gente, de todo tipo, completamente desnuda y como si nada”. No había morbo entre ellos, nosotros tampoco los mirábamos sino como seres humanos. La gente se miraba mas bien a los ojos, alli no había tanto gordos y flacos, senos operados o no: habían seres humanos, amigos, había una sensación de compañerismo que le daba a uno un fresquito en el alma. Saber que no todo está perdido, que existe gente asi, tan pura de espíritu, que en el fondo todos somos iguales y que eso no es una metáfora sino una realidad.

Acto seguido, se pidió a los participantes que subieran de nuevo al patio del Palacio de Justicia, la tercera toma estuvo cargada de risas y momentos especiales, como cuando Tunick pidió que todo el mundo saludara a un señor de unos 90 añitos que estaba alli, desnudo como los demás. Megáfono en mano pedí un fuerte saludo y la gente aplaudía a rabiar al señor, que nunca se imaginó semejante ovación.

Lista la tercera toma, aplaudimos al artista, aplaudimos a los participantes, todos se aplaudían unos a otros. Habíamos terminado y todavía hoy estamos cansados…

…pero felices. Una de las experiencias mas emocionantes que me ha tocado vivir. Acabo de añadir unas cuantas fotos mas, que las disfruten.

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