Hay una historia de la vida de Frank Lloyd Wright, (uno de los mas extraordinarios arquitectos de la historia), que relata como se diseñó una de sus mas famosas obras, la Casa de la Cascada (también conocida como Fallingwater o Casa Kaufman). Cuentan que Wright y sus alumnos fueron un dia al terreno favorito del Sr. Kaufman, que tenía una cascada a un lado, e hicieron planos de todo: cada arbol, cada piedra, cada cosa que conformaba el terreno donde habría de proyectar la casa de la familia Kaufman.
Pasaron meses, y Wright no dibujaba nada. Un buen dia Wright recibe una llamada del Sr. Kaufman, diciéndole que está en una ciudad vecina al taller del arquitecto, que en unas 3 o 4 horas puede estar alli para ver el proyecto de la casa. Wright le contesta que muy bien, que venga. En ese momento, tras la mirada sorprendida de sus aprendices, Wright toma un lápiz y comienza a dibujar: las plantas, cortes, alzados, todo. Conforme los lápices se quedaban sin punta, los aprendices le pasaban otros recién afilados. Asi, por 3 o 4 horas, hasta que Kaufman toca a la puerta. Wright se detiene, se levanta de su silla y lo recibe diciéndole “bienvenido, lo hemos estado esperando!”. El resto de la historia es conocido, la casa se construyó y es uno de los hitos mas importantes de la arquitectura moderna. Wright había plasmado en el diseño todo lo que Kaufman quería, y además había ideado una maravillosa obra de arquitectura.
No es que Wright diseñó la casa en 3 horas, la dibujó en 3 horas. Todo el resto del tiempo, aunque aparentemente no estaba haciendo nada, estaba pensando, ideando, moviendo las piezas en su cabeza, creando los espacios y las relaciones entre los elementos que iban a componer la casa.
A veces uno tiene una idea en la cabeza a la que trata de darle forma, le das vueltas, intentas una y otra cosa y de repente al no lograrlo de una sola vez, sientes que estás fracasando. Llegas a perder la fé en ti mismo, en lo que haces, en gran parte por las críticas y porque por mas que la gente te quiera, es dificil apoyarte ciegamente cuando aparentemente todo se desmorona a tu alrededor. Pero a veces se ven frutos en la paciencia, la perseverancia y esa voz interior que te hace seguir luchando y pararte todos los dias, por muy desgraciada que haya sido la vida contigo, dándo gracias a Dios por lo bueno, por las oportunidades, porque cada dia que te despiertas es otra oportunidad para lograrlo. En estos dias las piezas de los rompecabezas que forman mi vida se han ido juntando. He ido entendiendo el por qué de muchas cosas, (hay otras que no entiendo todavía y que he aprendido simplemente a aceptar), he recuperado la fe en mi mismo que estaba perdiendo cuando comenzó el año, que nunca perdí, pero que me estaba costando mantener.
Estoy comenzando a vislumbrar los frutos del trabajo de mucho tiempo, de la paciencia y de las acciones de mucho tiempo. Todavía me falta cosechar, y seguro no todo es perfecto ni bello, pero se que finalmente la hora de recoger vendrá. Asi como los alumnos de Wright vieron con gran sorpresa como su maestro sacaba “de la nada” el proyecto de la Casa de la Cascada, asi mismo estoy viendo como toman forma muchas cosas. Estoy creciendo, estoy madurando de golpe y porrazo. Todavía no soy del todo feliz, pero se que estoy en un camino que me llevará alli mas temprano que tarde, y eso me da felicidad. Igual la vida se compone de momentos, ¿no es asi?. Como dice el titulo de esto, no importa a donde vayas, con tal de que sea hacia adelante.
Nada, quería compartir esto con ustedes, gracias por leerme de vez en cuando.
Actualización: un video que me envió mi amiga Rosely, con una animación en 3D de La Casa de la Cascada.

El Modulor es una serie de artículos y notas escritas por Guillermo Amador Bograd, desde donde exista una conexión a Internet o el tradicional papel y lapiz. Si llegaste buscando 







