Amanece y con el Sol que sale despierta María, una joven madre de tres niños. Les da de comer lo poco que pudo conseguir en el improvisado “mercadito” que montaron cerca de su casa, (muy rudimentario, muy provisional), para que salgan a la calle con algo en el estómago. Los encomienda a Dios, porque no sabe si vayan a regresar, ya este año perdió al mayor que quedó atrapado en un fuego cruzado sin tener nada que ver, solo pasaba por el lugar incorrecto en el momento incorrecto.
No sabe que son las Naciones Unidas, que es eso de “ayuda humanitaria”, pero agradecería tener agua “limpia” para cocinar y para que sus hijos no sigan enfermos. Ni siquiera potable, con “limpia” se conforma. Sabe, sin embargo, que tiene unos enemigos, antes vivían con ellos en alguna clase de entendimiento, no se si se pueda llamar “paz”, pero al menos no se agredían como ahora. Escuchó algo de un “alto al fuego”, y sabe que eso no es posible mientras sigan repartiendo armas a los violentos. Sabe que en ambos lados del conflicto hay niños, que en ambos lados del conflicto hay gente buena y gente mala, pero el mismo conflicto no los deja ponerse de acuerdo, por egoismo, por sobrevivir, por dignidad, por lo que quieran.
El hecho es que no importa la religión, la clase social, la “casta” a la que pertenezcan, todos están sujetos a ser encontrados por una bala perdida, a que un dia sin mediar palabra se acerque un desconocido y le dispare a sus hijos o a ella misma, todos están sujetos a que entre en su casa un grupo de hombres armados y se los lleven, secuestrados, quien sabe a donde, tengan o no tengan dinero para pagar el rescate.
En este conflicto se estima que mueren cada año alrededor de 15.000 personas, y no hay congresos rindiendo homenaje a las víctimas, ni cancillerías apoyando a los mas débiles. No hay escándalo en CNN ni rasgado de vestiduras en Telesur.
María no vive en Gaza, María vive en un barrio cualquiera de Caracas. Y para la ONU es un número, para la OEA no existe, para el gobierno y la oposición es un votante.
Hay que detener la matanza en la franja de Gaza y en Israel, pero hay que detener también la matanza en Venezuela, en nuestro país, donde vivimos. Hay que tomar medidas efectivas contra la inseguridad personal, tanto el gobierno como los ciudadanos, (no todo es culpa del gobierno, también podemos ayudar los ciudadanos), pero sin tonterías y sin hacer diferencias porque uno vista de rojo y el otro de azul. Al final, esas etiquetas no nos hacen mejores o peores personas, nos hacen estereotipos. Yo no quiero ser rebaño, ni de unos ni de otros. Yo solo quiero vivir en paz, salir a caminar a la calle con tranquilidad, disfrutar de lo bonita que se pone la luna por estos dias, pero no desde la ventana de mi apartamento, sino desde una plaza, desde un parque.
No a la guerra en Gaza, no a los cohetes que lanzan hacia el sur de Israel, no a la ocupación rusa a Georgia, no a la violencia y ocupación China del Tibet, no a los asesinatos en masa en el Congo. Todos duelen, porque son seres humanos, únicos e irrepetibles, igual que tu y yo.
Pero también me duelen los que tengo mas cerca, ¿cómo se puede voltear la cara y no decir nada? Como siempre, es mi opinión y puedo estar equivocado.

El Modulor es una serie de artículos y notas escritas por Guillermo Amador Bograd, desde donde exista una conexión a Internet o el tradicional papel y lapiz. Si llegaste buscando 







